Afírmate, Giovanni.

Publicada en la Edición Nº 24 de la Revista D

El alza del precio del petróleo tendrá un impacto enorme en el precio de los alimentos. Yo sé que ustedes, queridos suscriptores de perfil proletario, pueden pensar que da más o menos lo mismo el alza de las papas y la chuchoca, pero desgraciadamente en tiempos como estos, de una guerra comandada por un narciso maligno contra fanáticos religiosos, solo queda ponernos de pie y luchar por la transformación de la realidad que han impuestos los chiflados de oriente y occidente. La otra alternativa, para nada despreciable, es sentarse a contemplar el paisaje desde la comodidad de un sillón o de una huerta y junto a un amigo, comer simple y delicioso.

Tal vez las consecuencias de la crisis no serán del todo malas y caerán desplomadas esas tienditas imitación nórdica que venden matcha y quequitos de chia sin gluten. Quizá dejaremos de impresionarnos con aquellos platos hechos con más de 10 ingredientes explicados por garzones incautos que revelan hasta las consecuencias gastroenterológicas de “la experiencia”. Lo que sí es seguro, amigos, es que independiente del patrimonio que usted haya amasado, vendrán nuevas formas de comer y nuevas recetas. La historia así lo vaticina.

Por mucho billete que se tenga, las consecuencias culinarias que tendrá el ajuste llegarán a nuestras mesas. El fenómeno se produce simultáneamente en las casas y restaurantes que tienen que cocinar lo mismo con menos, y en los laboratorios militares que siempre están preocupados del estómago y la moral de la tropa. 

Hoy por hoy, nadie se salva de que algún ingrediente enlatado termine en su boca, como los tomates en conserva que llegan a mesas de ricos y pobres en todo el mundo (mejor si son San Marzano). Esta maravilla se debe a que Napoleón, que sabía que “un ejército marcha sobre su estómago”, preocupado del apetito de su ejército durante las guerras Napoleónicas, ideó un concurso de preservación de alimentos que ganó en 1810 el pastelero don Nicolas Appert con su nuevo invento: comida en conserva de vidrio. Los frascos se quebraban pero importó por muy poco tiempo porque ese mismo año el inglés Peter Durand, hizo lo que saben hacer bien los ingleses que es solucionarle los problemas a los franceses, e inventó la conserva en lata. 

Si usted disfruta los M&M que se derriten en tu boca y no en tus manos, sepa que es gracias a Forrest Mars que observó que los soldados durante la guerra civil española comían un chocolate duro y azucarado. El hombre se asoció con Bruce Murrie, la otra M, y desarrollaron la golosina que inicialmente era solo para soldados gringos y que ahora también va a subir de precio para ricos y pobres de todo el mundo. 

Y el desarrollo no ha parado. El Centro de Soldados del Comando de Desarrollo de Capacidades de Combate del Ejército de EE.UU., un laboratorio militar ubicado en Natick, Massachusetts, ya desarrolló la pizza para el campo de batalla. Afírmate Giovanni. Pronto en un supermercado cerca de usted, el esperpento con pepperoni que dura tres años envasado. 

También hay invenciones cívico-militares como los espagueti carbonara, que al parecer tiene su origen en la ración que recibían los estadounidenses apostados en Italia durante la Segunda Guerra Mundial. Los soldados tocaban las puertas de las casas pidiendo que les cocinaran algo caliente y las italianas cariñosamente accedían y lo hacían mezclando los ingredientes locales, la pasta y el queso pecorino con la yema de huevo y el tocino que llevaban los soldados en sus morrales. Quizá esa receta fue posible porque la cucina povera, la cocina nacida entre los pobres de Italia, que sabían arreglárselas con lo que fuera durante la paz y la guerra, ya cocinaban espaguetis puttanesca y aglio e olio. ¿O usted cree que esas maravillas afloraron de la abundancia ridícula del Sr. Trump o de las cocinas londinenses de los Ayatolas?

Los que sobrevivirán mejor a estos tiempos de pacotilla serán los que saben que el charquicán tiene una nobleza que los triunfos del filete desconocen. Los que saben que el placer como bien supremo radica no en los excesos, sino en la ausencia de dolor, y que la verdadera felicidad se logra satisfaciendo los deseos naturales de alimentación, sexo y amistad, verán la luz en un plato de papas con chuchoca. Los verdaderamente revolucionarios, los epicúreos de corazón, que no temen a la muerte ni a los dioses, se salvarán y, en una de esas, tal vez salven al mundo. Algo es algo. 

Receta

Espagueti Aglio e Olio

Para 3-4 personas

(Pasta con ajo, aceite y peperoncino)

Pase lo que pase, aunque Donald y los Ayatolas bombardeen a la mitad del planeta, no pierda oportunidad de comer con un amigo a altas horas del anoche. Esta preparación, conocida en Italia como una pasta de medianoche es igualmente barata y deliciosa y lo hará dormir en paz con usted y con el mundo. 

  • 400-500 gr de spaghetti
  • 2 cucharaditas de peperoncino seco
  • ½ taza de aceite de oliva
  • 4 dientes de ajo, picados finos
  • ¼ taza de perejil, picado
  • Sal

PREPARACIÓN:

En una olla grande ponga agua a fuego alto y, cuando hierva, agregue un puñado de sal y la pasta. Revuélvala para que no se pegue.

Mientras tanto, en un sartén profundo ponga el aceite, ajo y peperoncino a fuego bajo y dore unos 2 o 3 minutos, hasta que el ajo tome color. Retire del fuego, agregue el perejil y deje enfriar otro par de minutos.

Agregue a la sartén ½ taza del agua de la cocción de la pasta y lleve a fuego alto hasta que se reduzca a la mitad.

Cuando la pasta esté al dente, cuélela y viértala en el sartén. Revuelva intensamente, corrija la sal y sirva de inmediato.