Al chancho

Publicada en el Nº21 de la Revista D

Olvídese de la canción del verano. El fenómeno actual es el viral del verano. Este año el número uno se lo llevaron los Therian que no es una banda de heavy metal sino criaturas humanas que se identifican como animal. Andan por la calle en cuatro patas con máscaras de zorros, perros y gatos porque, además de ser tarados, se identifican con alguno de los animalitos y los imitan en sonidos y saltos. 

Mejor acostumbrarse a las plagas sociales de internet que nos llegarán siempre atrasadas. En la colonia nos llegaban las modas con años de retraso, ahora en cambio, aunque son semanas o días de demora, seguimos a la cola del mundo. Esto partió en Ohio en 1994 y los últimos videos veraniegos de gente subnormal con máscara de animalito vienen de Argentina y Uruguay. Para ponerlo en términos animalísticos, vamos como las bolas del burro. Eso sí, no se espante demasiado con la tendencia viral porque pronto se vienen los transtherian. Afírmate Juan, que uno siempre puede irse más al chancho.  

Es verano y porque no me puedo restar a la moda, me detuve a mirar a los animales. Me gustaron las abejas. Con mi lente vi de cerca a una que le metió la cabeza entera a una fucsia. Creo haber visto como le crecía la guata de la tremenda chupada que le puso entre los pétalos. Se meneaba. Segundos después la maldita insaciable se cambió de flor y como si nada le puso una nueva chupada a otra inocente flor. ¿Y si me identifico como abeja? 

Intenté concentrarme en la idea pero como la mente es caprichosa se me vino de un suácate la visión nítida del guatón Santibánez con los labios pegados a un tazón de café con leche, por allá lejos, en el 1981. El Chino Lihn, central de la Católica, tenía la buenísima onda de llevarme a los entrenamientos del club cuando Luis Santibañez era el entrenador y los caminos que llegaban a San Carlos de Apoquindo eran todos de tierra. Yo era un niño, y por ende un cacho, entonces me depositaban en la cocina con las tías que le daban la alimentación al plantel. Lo mejor era cuando llegaba Santibañez envuelto en un buzo a tomar desayuno. Era como Winnie de Poo, con su cara de máscara y aún más hambriento. Algo así como un precursor de los therian versión oso. Ahí aprendí que una marraqueta no eran las dos mitades juntas sino que cada mitad era una marraqueta en sí misma. Lo aprendí porque el entrenador de Chile 82 se zampaba dos marraquetas todavía pegadas con abundante queso y jamón, un medio kilo, recuerdo.

San Juan Crisóstomo decía que el ayuno era el comienzo de la castidad y Tertuliano sostenía que la glotonería es parte de la impureza. Para los impuros de alma, educados en la cocina bien cerca de la olla y que un par de veces tomaron desayuno con el guatón Santibañez, no hay escapatoria alguna. Estamos condenados al goce. Por eso parecen tan raros los jóvenes que eligen animales que comen pellets. Es sólo una nueva forma de puritanismo. Mucho mejor sería identificarse con un cóndor, un tigre o alguna criatura buena para las proteínas. ¿Por que no dárselas de chancho que se puede comer absolutamente de todo? Mal que mal, todos tenemos un poco de cerdo en el alma. Y no me venga a decir que no. Mírese al espejo y reconozca que alguna vez le faltó la pura cola enroscada de todo lo que se tragó. Claro, no se puede comer todo el tiempo a destajo, pero tampoco se puede pasar mucho tiempo sin comer demasiado.

Si usted dora una buena porción de guanciale, esas mejillas de chancho que tan bien hacen los italianos, y ven como se empiezan a poner traslúcidas en el mismísimo sartén, es imposible no querer tragarse todo de una buena vez e ignorar las consecuencias mientras se disfruta a destajo. Le hablo de irse al chancho, de comer por comer lo que más le guste sin parar y sin transar. Pan con mantequilla o mucho chancho, mucho cordero o mucha sandía. Antes que termine el verano le aconsejo pegarse la sentada y dejarse llevar por las corrientes animalistas, aunque sea solo por los impulsos inocentes del chancho. Algo es algo. 

Receta

Espagueti Amatriciana

Para 4 personas

El guanciale es una magnífica preparación hecha con carne y grasa de la quijada del chancho que ha sido curada con sal y pimienta. Es ingrediente indispensable en los spaghetti a la carbonara. Menos famosa por estos lados es la receta de los spaghetti a la Amatriciana, que también llevan guanciale. No se detenga y póngale más cantidad que las que recomienda mi receta. Se lo recomiendo. Si no encuentra guanciale, el tocino es un excelente reemplazo.

  • 2 cucharadas de aceite de oliva extra virgen
  • 100 g de guanciale o cortado en cubos de 0,5 cm aprox.
  • 800 g de tomates enteros en conserva (1 lata grande)
  • 1/4 cucharadita de pimienta negra, más al gusto
  • 1/4 cucharadita de ají seco en escamas (peperoncino)
  • Sal  a gusto
  • 400 – 500 g de espagueti
  • 75 g de queso Pecorino Romano rallado, más extra para servir

Preparación

Caliente el aceite de oliva en una sartén grande (de 30 cm aprox.) a fuego medio. Agregue el guanciale y cocine, removiendo ocasionalmente, hasta que esté dorado, unos 5 minutos. Intente no comérselo todo en esta etapa. Incorpore los tomates, la pimienta negra y las hojuelas de ají rojo, y sazone con sal. Cocine, removiendo de vez en cuando y aplastando los tomates con el dorso de una cuchara de madera, hasta que se deshagan y la salsa espese, unos 15 minutos.

Mientras tanto, cocine la pasta en una olla grande con abundante agua con sal, siguiendo las instrucciones del paquete, hasta que esté apenas antes de al dente. Reserve 1 taza del agua de cocción y escurra la pasta.

Vuelva a colocar la pasta en la olla grande. Añada la salsa de tomate y 120 ml del agua de cocción reservada, y mezcle enérgicamente a fuego medio-alto hasta que la pasta quede bien cubierta con la salsa, aproximadamente 1 minuto. (Agregue más agua de cocción si la salsa está seca). Retire del fuego, incorpore el queso y ajuste de sal al gusto.

Ponga la pasta en platos hondos y termine con más queso y pimienta negra. ¡A gozar!