¡Cuéntame un cuento!

Publicada en la edición Nº22 de la revista D

Los gobernantes de turno suelen tener facilidad para idear todo tipo de cuentos para explicar lo inexplicable. Los ciudadanos, plenamente conscientes de que a menudo nos meten el dedo en la boca, exigimos que se nos intente embaucar con chivas elaboradas, suculentas y sabrosas. Es insoportable escuchar a funcionarios de inmerecidos altos ingresos decir que “mi perro se comió el decreto” o “fue un error de tipeo”. La falta de imaginación de los muchachitos es inaceptable. Porque para cuadrar el círculo hay que tener un poco de imaginación. No basta con ondear una bandera de colores para solucionar los problemas. Nunca lo aprendieron. 

Incluso los brutos de los ayatolas iraníes eran expertos en dorar la píldora y salirse con la suya. Era el año 1979 y el Sha tuvo que salir de Irán porque le iban a cortar el cogote en cualquier momento. Dos semanas después, El Ayatola Homeini terminaba su exilio en Francia volando desde Paris a Teherán para ponerse a cargo del país y sobre todo para transformarlo en una república islámica. Esto, aparte de maltrato inmediato a las mujeres, incluyó una estricta dieta Halal para todos y sin excusas: ni alcohol, ni chancho, ni pescados sin escamas. 

Pronto el país se sumió en la crisis que provocan los que quieren cambiarlo todo de un paraguazo. Mientras en Irán estaba la pelotera surgió un problema inesperado: las bodegas de las pesqueras del mar Caspio comenzaron a repletarse de caviar. Como el esturión no tiene escamas, los iraníes no podían acercarse ni a su carne ni a sus huevos. No podían comerlo ni venderlo. Los chiitas inexpertos no sabían qué hacer con el valiosísimo producto y, como la demanda no había desaparecido, el contrabando empezó a ser un gran negocio. 

Como buenos revolucionarios islámicos, fieles a Alá, no vacilaron ni por un segundo y optaron por su majestad el dólar. Pero no de golpe y porrazo, porque hasta los fundamentalistas más básicos saben que el cuento tiene que ser elaborado, macerado y horneado lentamente. No era suficiente con mandar a la Directora de Presupuesto a hacerse la que sabía encontrar escamas y listo. Había que ponerle pino.

El Ayatola Homeini formó personalmente una comisión de clérigos chiítas que le dieran una nueva mirada al pescado. Tras un par de años de “investigaciones” y premunidos de un microscopio gigante y de camionadas de fe en el todopoderoso billete verde, le practicaron exámenes proctocológicos a numerosos esturiones hasta que le encontraron un par de escamas al pescado cerca de la aleta anal. 

En 1983 el Ayatola dictó su fatwa determinando que el esturión era Halal. Pero no se quedaron ahí. También culparon a los rusos, su competencia directa en la exportación de caviar, de calumniar al esturión y de andar diciendo por ahí que no tenía escamas. Homeini pudo comer caviar con cucharón y disfrutar del sabor a mar amantequillado y con algo de parmesano que se derrite en la lengua. Además el torrente de dólares volvió a entrar a Irán como lo hizo hasta hace poco. ¡Esa es manera de embaucar al pueblo!

Los muchachos locales ya están tranquilos en sus casas y sin legado alguno. Tampoco tienen un cuento que tenga un largo superior a una frase suelta. Hasta los mulás iraníes, aunque muertos por el cohetazo gringo de hace unos días tienen algo que contar. Según ellos cada mártir será recompensados con 72 vírgenes al llegar a las puertas del cielo musulmán. Manga de degenerados. Al menos ellos ya no seguirán haciendo sus fechorías acá en la tierra. Algo es algo. 

Receta
Frittata iraní de hierbas y nueces
Para 6 personas

La comida típica iraní es una mezcla fragante y sofisticada de arroz, cordero, aves, hierbas frescas y especias como el azafrán, equilibrada con ingredientes ácidos como limas secas, granadas y zumac. Entre los platos que se comen en las casas en Teheran está esta fritata que no le decepcionará, a diferencia de otros. 

Ingredientes:
– 8 huevos½ taza de yogur natural sin azúcar
– ½ cucharadita de agua de rosas (muy fácil de encontrar online)
– ½ cucharadita de sal, o al gusto
– Pimienta recién molida
– 4 tazas de hojas de perejil y cilantro, ligeramente compactas (puede usar otras hierbas como menta, eneldo o albahaca si no tolera el cilantro), finamente picados
– ⅓ taza de nueces finamente picadas
– 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
– 3 cebollines, partes blancas y algo de lo verde, finamente picados
– 2 dientes de ajo picados


Preparación:

Bata los huevos en un bol grande. Agregue el yogur, el agua de rosas, sal y pimienta, y bata bien. Incorpore las hierbas y las nueces, mezcle y deje reposar durante 30 minutos, removiendo de vez en cuando.
Caliente una cucharada de aceite en un sartén antiadherente de 25 cm a fuego medio y agregue los cebollines. Cocine, revolviendo, hasta que estén tiernos, unos 3 minutos. Añada el ajo y cocine hasta que esté fragante, entre 30 segundos y 1 minuto. Retire del fuego y agréguelo a los huevos. Mezcle bien.
Añada la cucharada restante de aceite al sartén y muévalo para cubrirlo de manera uniforme. Caliente a fuego medio-alto hasta que una gota de huevo chisporrotee y se cuaje en segundos al tocar la sartén. Remueva la mezcla de la frittata y viértala en la sartén. Sacuda suavemente el sartén, inclinándolo ligeramente con una mano mientras levanta los bordes de la frittata con la espátula con la otra, para que el huevo líquido fluya por debajo durante los primeros minutos de cocción. Una vez que se hayan cocinado algunas capas de huevo durante los primeros minutos, baje el fuego al mínimo, tape la sartén y cocine a fuego bajo durante 10 minutos, sacudiendo suavemente la sartén de vez en cuando. De vez en cuando destape y despegue el fondo de la tortilla con una espátula de madera, inclinando la sartén para que se dore y evitar que se queme. Los huevos deberían estar casi cuajados; cocine unos minutos más si aún no lo están.
Mientras tanto, encienda el grill del horno. Destape la sartén y colóquela bajo el grill, no demasiado cerca del calor, durante 1 a 3 minutos, vigilando muy bien para asegurarse de que la superficie no se queme (como máximo debería dorarse muy ligeramente y esponjarse un poco). Retire del fuego, mueva el sartén para asegurarse de que la frittata no esté pegada y deje enfriar al menos 5 minutos y hasta 15 minutos. Despegue los bordes con una espátula. Deslice cuidadosamente la frittata desde el sartén a una fuente redonda grande. Corte en gajos y sirva caliente, tibia o a temperatura ambiente.

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