Como los dioses

Los dioses la tienen fácil porque no tienen cuerpo. Por más sacrificios de animales que le ofrezcan no hay caso que engorden. Se pueden tragar cuanta delicia les pongan en el plato y seguirán esbeltos, o más precisamente, etéreos. Ya nos quisiéramos ese superpoder. Yo al menos lo preferiría por sobre ser invisible o a escuchar lo que la gente piensa. Y claro, con esas características típicas de privilegiado, los dioses de todas las religiones se la pasan dictando lo que no hay que comer en su día sagradísimo, pero casi nunca les da por obligar al creyente con algo especifico que meterse a la boca.

De los dioses más conocidos en estas tierras figura Jesús, que es dios e hijo de dios. Hazte esa. Muy pronto, el 24 de diciembre se celebra su cumpleaños, que aunque opacadísimo por la fiesta del viejo Pascuero, que es el mismo día, todavía congrega a millones. Uno supondría que el interés de los fieles del nazareno sería comer algo parecido a lo que el pobre cristiano comió en su época, pero las pistas son escasas.

Sabemos que Jesús ayunó por 40 días, por lo que debe haber comido con normalidad el resto del tiempo. Aparte de eso, y según relata San Lucas en el capítulo 24, una vez tuvo que comer frente a sus seguidores para que se convencieran que era de carne y hueso porque había resucitado. Y comió pescado asado. Del resto de la dieta del nazareno pero nacido en Belén, podemos especular que sería parecida a lo que se conoce como dieta mediterránea, menos los alimentos originarios de América como el tomate, los pimentones, las paltas y los zapallos. La cena del cumpleaños de Jesús, por ejemplo de su cumpleaños número 25, debe haber incluido pan y vino, aceite de oliva y frutas como higos y granadas, garbanzos, y un poco de carne de cordero. Pero a los fieles no les interesa demasiado replicar la escena. Con el burro y la vaca del pesebre les basta. Falta conciencia histórica, compañeros. 

También sabemos que Jesús nunca comió pavo, porque el pavo es mexicano. Por muy dios que haya sido, Colón aún no viajaba a América. Uno no puede dejar de preguntarse entonces ¿cómo es que llegó el pavo a ser el símbolo internacional de la cena navideña? Ni Santa Claus ha logrado meter la cola en lo que comemos. La vuelta del pavo desde México hasta las mesas de Navidad parece ser larga. Aparentemente, en 1526 William Strickland volvió a Inglaterra después de su viaje de aventuras. En América descubrió un pájaro con una especie de calcetín rojo debajo de su pico y de carne magra y sabrosa. Viajó con 6 ejemplares de vuelta a Europa y al llegar a Bristol los vendió por un par de peniques. Los pájaros se reprodujeron de inmediato y sus crías fueron a parar rápidamente a las mesas de la nobleza, porque a la elite siempre le ha gustado lo exclusivo. Así llegó el pavo a la mesa del rey Enrique VIII, quién ademas fue el primero en zamparse un plumífero para la Navidad. Rumores no confirmados señalarían que se lo comió entero. 

Eso sí, pasó mucho tiempo antes que se popularizara el pavo para la navidad. En esa época, la edad media, se comía chancho. El porcino era más barato y alcanzaba su mayor gordura justo para fines de diciembre, justo para el solsticio de invierno. En esas mismas fechas los romanos celebraban Saturnalia, se celebra Jánuca y en Irán Shab-e Yalda, que es una antigua celebración persa de la noche más larga del año (alrededor del 21 de diciembre), que marca el triunfo de la luz sobre la oscuridad y el nacimiento del sol, reuniendo a familias para comer frutas rojas de verano, granadas y sandías cargadas de vitaminas para aguantar el resto del invierno. Hasta los chinos comen unas bolas de arroz especiales en las mismas fechas. 

Yo creo que Jesús antes de morir también celebraba el solsticio porque no existía la Navidad. Creo que por estas fechas el hombre tragaba sin parar considerando que caminaba casi todo el día y que los dioses no engordan. Me lo imagino disfrutando de la sabrosa comida de medio oriente. Las mejores delicias. Cabrito a la miel, humus y tabulé y un baba ganoush hecho con las mejores berenjenas asadas y una sedosa tahina. Llegan las fiestas, llega el solsticio de invierno del hemisferio norte, el solsticio de los que mandan, y uno no le queda otra que seguir la senda de Jesucristo y sumarse al jolgorio colectivo de la humanidad, ojalá comiendo como los dioses, a destajo y sin engordar un gramo. Algo es algo 

Receta: Lomo de chancho cocinado dos veces

Para 4 personas

Los chilenos, que nos hemos distanciado mucho de los pavos navideños, deberíamos tomar la senda medieval y abrazar al chancho para las celebraciones. Bueno, bonito y bundante siempre deja contento a humanos y dioses. Esta receta del bueno de Mark Bittman es fácil y deliciosa, ideal para no complicarse demasiado la noche de navidad y disfrutar con la familia o mejor aún, con sus seres queridos. 

Ingredientes:

1 lomo de cerdo de aproximadamente 500 g

Sal y pimienta negra recién molida

4 cucharadas de mantequilla

¼ de taza de crema

1 cucharada de mostaza Dijon, jugo de limón o Calvados (opcional)

Hojas de perejil fresco picado para decorar

Salpimiente la carne. Caliente una sartén grande a fuego medio-alto; un minuto después, agregue 2 cucharadas de mantequilla. Cuando la mantequilla espume, agregue la carne. Dórela bien por todos lados, durante 4 a 6 minutos. Apague el fuego, retire la carne de la sartén y déjela reposar sobre una tabla por 10 minutos. (No lave el sartén)

Corte la carne en rebanadas de 2,5 cm de grosor. Ponga el sartén afuego a medio-alto, agregue el resto de la mantequilla y, cuando esté caliente, agregue las rebanadas de cerdo a la sartén. Dore por cada lado, de 2 a 3 minutos cada una. Baje el fuego y retire la carne a una fuente caliente.

Agregue ½ taza de agua a la sartén, suba el fuego a alto y cocine, revolviendo y raspando, durante un minuto. Baje un poco el fuego, agregue la crema y cocine hasta que espese un poco. Agregue mostaza, jugo de limón o Calvados, luego pruebe y ajuste la sazón. Sirva la carne con la salsa encima y, si lo desea, con perejil. A gozar!