Publicada en la edición Nº3 de la Revista D
El embajador chino en Chile dio una conferencia de prensa para reclamar por los intereses de su país y de sus empresas que es casi lo mismo. Confusiones del capitalismo-comunismo. En una puesta en escena muy cuidada, el embajador Niu Qingbao espetó sus reclamos en perfecto chino acompañado de un par de floreros y unas banderas diminutas de China y Chile hechas ya sabe donde. El ambiente me recordó a algún restaurant chino-chileno de los que hay miles por estos lados con sus pisos de baldosas, paredes peladas, soldados de terracota de plástico, cascadas artificiales, mesas con manteles de poliéster y sillas incómodas.
La escena no fue muy acogedora. Los encargados de la embajada podrían haber puesto sobre la mesa unos platos de wantanes y arrollados primavera para que los chilenos hubiésemos podido empatizar con el miembro del aparato del Partido Comunista Chino. Los platillos que tienen mucho de chileno y no tanto de chino, habrían facilitado en alguna medida empatizar con el burócrata. Pero no. Lo único que acompañaba al embajador era un parlante y un aire acondicionado.
Los chilenos, cuando queremos, podemos ser buenos anfitriones y, como cualquier habitante de este lado del mundo, no nos gusta que los invitados se comporten como dueños de casa. El asunto es muy propiamente occidental ya que Anfitrión, rey de Tirinto, tenía fama de acoger y alimentar a cuanto griego tocara la puerta de su casa. Amigos y no tanto se servían deliciosos platillos atendidos por su prima Alcmena que también era su esposa. La cosa se puso fea cuando Anfitrión partió a la guerra y el maldito de su bisabuelo, Zeus, que se había enamorado perdidamente de su joven señora, tomó la forma de Anfitrión y entró a su casa con muchísima hambre. No sólo se comió un jarro de miel y un cabrito completo, sino que también se sirvió a Alcmena. Pensión completa. Siglos después, Moliere escribió la comedia “Anfitrión”, y desde entonces quedó para siempre el concepto que el verdadero anfitrión “es aquel en cuya casa uno se sirve”.
Nuestra relación con China lleva años fortaleciéndose en lo económico y deteriorándose en lo cultural. Al analizar la calidad del chapsui local en el período 1990 – 2025 queda de manifiesto el declive cualitativo y nos permite concluir que pronto será una preparación que se ofrecerá a pacientes gástricos de clínicas y hospitales. Si ponemos atención en el filete mongoliano, la decadencia es aún peor. El plato ya no cuenta nada de China sino que muchísimo de nosotros y nuestra predilección por sabores planos y de comer cualquier cosa siempre y cuando esté acompañado de arroz. Sin prisa y sin pausa hemos logrado que la comida chino chilena sea más fome que el agüita perra.
Pero podemos cambiar. Mediante el diálogo y viendo YouTube tendremos pleno acceso a la propaganda comunista que mediante el “food washing” llega a nuestras casas vía internet con estrellas de la cocina casera como Dianxi Xiaoge que muestra, a sus 11 millones de seguidores, una China paradisíaca donde reina la abundancia y la fraternidad. Desde algún bucólico lugar del campo chino y provista de aparatos de cocina muy simples, la Dianxi cocina en cuencos maravillosos y cosecha todo tipo de vegetales y hongos que siempre son gratis y al alcance de su machete. Sus recetas pueden ser la guía en una nueva relación chino-chilena.
Lo curioso, o en realidad lo que no es ninguna sorpresa, es que los chinos no tienen acceso a YouTube porque los comunistas, incluyendo a los chinos, no se atreven a gobernar con libertad de expresión incluida. Son como la decoración de la embajada china: de cartón, o más precisamente, de polipropileno.
Por nuestra parte, los legisladores chilenos avanzan sin transar en una ley para que los restaurantes estén obligados a ofrecer vasos de agua gratis. Aprovechando la productiva instancia, propongo solemnemente, que se cree una comisión mixta y se incluyan indicaciones al proyecto que corrijan la receta del chapsui y del filete mongoliano. Mal que mal, la comida china llegó a Chile cuando los comunistas de allá eran anticapitalistas. China ha cambiado y también tenemos que cambiar nosotros. Debemos rechilenizar su comida, que es deliciosa, y seguir por la senda de transformar lo chino a nuestro antojo. Desde luego debemos seguir cocinando chino a la chilena, aunque el embajador opine lo contrario. Algo es algo.
Receta para el domingo
Nuevo filete mongoliano
para 6 personas
Esta receta, basada en el famosísimo filete al cilantro, lleva mucho ajo. No arrugue y en pleno uso de su libertad, póngaselo sin miedo.
- 1 filete de vacuno
- sal y pimienta
- 1/4 taza de aceite de oliva
- 3/4 taza de salsa de soya
- 1/2 taza de cilantro picado fino
- 1/2 cabeza de ajo pelado, sin germen, y picado
- 3 cebollines cortados en rodajas delgadas, incluyendo lo verde
- Aceite de maravilla
Limpie bien el filete y córtelo en cubos grandes. Póngale sal y pimienta. En un bol mezcle el aceite, la soya, el cilantro y el ajo y revuelva bien. Agregue la carne a la mezcla y deje marinar en el refrigerador por al menos 12 horas.
Retire la carne y reserve el jugo. En un sartén grande y caliente como Zeus, agregue aceite de maravilla (o de oliva si prefiere) y dore la carne un par de minutos, luego agregue el cebollín y siga cocinando hasta que la carne esté lista. Finalmente ponga los jugos de la marinada en el sartén para que se calienten por un minuto y lleve todo a una fuente para servir. Como es lógico, sirva con arroz graneado. ¡A gozar!