Publicada en la Edición Nº2 de la revista D
Abril es el mes más cruel, engendrando lilas de la tierra muerta, escribió T.S Eliot en su poema “La tierra baldía”, sobre el paso del invierno a la primavera. Aunque nosotros en Abril entramos al otoño, el cambio de estación no ha estado exento de crueldad. Una culebra en la elección del Senado, pescadores extraviados, muertos afuera del estadio y para rematar las tarifas de Trump a los indefensos, que amenazan con poner el mundo patas para arriba y terminar con buenos años de cooperación y comercio internacional.
Hasta las flores que crecen en esta época del año son algo tristes: crisantemos, gladiolos y violetas que suelen adornar las tumbas de los que recién se han ido. Para nuestra fortuna, en el otoño también abunda la más deliciosa de las flores: el higo.
Obviamente que el higo es fruta pero también es flor, y es la más linda, es la flor de la cooperación. Los higos no son realmente frutos, sino una masa de flores y semillas invertidas que son polinizadas por diminutas avispas. Los insectos llevan miles de años haciendo su trabajo, cooperando sin parar con el árbol donde viven para que disfrutemos en esta época de días grises del mejor de todos los frutos.
Comemos higos hace miles de años. Se sabe que a la Eva la expulsaron del paraíso por comerse la fruta del árbol prohibido. Todos dicen que el árbol era un manzano pero lo más probable es que haya sido una higuera. Mal que mal, ante la ira de Dios la señorita echó mano a lo primero que pilló para taparse, las hojas del árbol, y hasta donde se ha podido investigar, eran hojas de la higuera.
A Jesús tampoco le cabían dudas sobre cual era la mejor fruta, tanto así que cometió uno de sus milagros más horribles, aparte de cuando le sanó la suegra a Pedro. Resulta que el hijo de María y Dios iba un día caminando muerto de hambre y se encontró con una higuera que tenía hojas pero no frutos. Comprensiblemente, le dio rabia, porque el ser humano que no ha comido es naturalmente irritable y de puro picado le dijo a la higuera ¡Nunca más nazca de ti fruto! (Mateo 21:18-19). Tenemos que entender al Nazareno. Imagínese si usted llegase muerto de hambre a la casa de un millonario y lo primero que ve es un tremendo ni que refrigerador, ilusionado abre la puerta del aparato, solo para encontrar repisas peladas. Mínimo un abollón a la puerta del electrodoméstico.
Los higos que se pueden disfrutar crudos o cocidos. Yo se los recomiendo en la clásica combinación con prosciutto o mejor aún a la romana, sobre pizza blanca también con el jamón italiano que sin duda puede ser reemplazado por jamón serrano.
Si los higos no están en su punto óptimo, e incluso si lo están, cocinarlos es una opción que recomiendo encarecidamente. Mézclelos con caramelo recién hecho, ralladura de limón y tomillo, retírelos del fuego después de un par de minutos y les aportará un dulzor extra junto con el amargor del azúcar quemado. Puede dejarlos así, semi cocidos, o meterlos al horno un par minutos más para que se ablanden por completo. Se pueden usar para platos distintos: simplemente agregarles queso de oveja para una entrada deliciosa, o agregarlos a hojas verdes aliñados con jugo de limón y aceite de oliva para una ensalada abundante. O simplemente servirlos como acompañamiento de carnes grasas, como cordero, pato o costillar de chancho.
La higuera y sus frutos, la breva y el higo, no sólo son deliciosos sino que inseparables de la cultura occidental. En el Senado, pero en el de Roma antigua, el senador Catón el viejo, que sí era un senador derecho, había intentado una y otra vez convencer a sus pares que Cartago debía ser destruida. Durante una sesión, dejó caer intencionalmente unos higos mientras arreglaba su toga. Ante la belleza y tamaño de las frutas, se despertó el interés de sus pares y les contó que eran higos que habían sido cosechados a tres días de navegación de Roma. Los higos eran de Cartago y si llegaban frescos hasta el senado, bien podría hacerlo el enemigo. Logró convencerlos de unirse y cooperar. Cartago fue destruída. Algo es algo
Receta para el domingo
Higos: ensalada y postre
para 4 personas
Es una buena época para aprovechar de los últimos tomates y la excelente combinación de los higos y el vinagre balsámico. Esta ensalada es rápida de hacer y funciona muy bien como plato único. El postre, una alternativa al clásico molde de higos, se hace grillando la fruta y barnizándola con jugo concentrado de granada o miel de granada, como también se le conoce. Es fácil de encontrar online y vale mucho la pena.
Ensalada de Higos y Tomates
Ingredientes:
1 cucharada de vinagre balsámico
¼ cucharadita de sal fina
¼ taza de aceite de oliva
3 cucharadas de almendras peladas y molidas
1 tomate grande o 2 pequeños en rodajas finas
250 g de higos frescos, cortados en cuartos
30 g de queso azul desmenuzado
1 cucharadita de hojas de tomillo fresco
Pimienta negra
En un bol pequeño, bata el vinagre y la sal. Incorpore el aceite. Luego en una sartén pequeña a fuego medio-bajo, tueste las almendras, moviendo la sartén de vez en cuando, hasta que estén ligeramente doradas, aproximadamente 2 minutos.
Ponga las rodajas de tomate en un plato grande. Esparza los cuartos de higo y las almendras sobre los tomates. Espolvoree con queso y tomillo, rocíe con el aderezo y termine con pimienta.
Higos grillados con jugo de granada
Ingredientes:
12 higos grandes o 18 medianos, frescos, maduros pero firmes (450 g)
1 cucharada de vinagre balsámico
2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
1 cucharada de jugo concentrado de granada
2 cucharadas de menta cortada fina
Prepare una parrilla a fuego medio o alto, o caliente un sartén a fuego medio. Corte los higos por la mitad. En un bol grande, bata con un batidor de alambre o un tenedor el vinagre balsámico y el aceite de oliva. Agregue los higos al bol y revuelva suavemente hasta que estén bien cubiertos.
Ponga los higos en la parrilla o sartén con la parte plana hacia abajo. Ase de 2 a 3 minutos (dependiendo del fuego), hasta que aparezcan las marcas de la parrilla. Déles la vuelta y ase de 2 a 3 minutos más por el otro lado. Ponga los higos en una fuente para servir y déles una pincelada cada higo por el lado cortado con el concentrado de granada (no necesitas mucha). Espolvoree la menta encima y sirva de inmediato. ¡A gozar!